martes, 26 de abril de 2011

...:::Dios debería solucionar mis problemas:::...

Esta idea es engañosa por dos razones. La primera, porque hace ver a Dios como un genio cósmico que existe para complacernos y servirnos, similar a un siervo que corre hacia nosotros cada vez que hacemos sonar una campanilla.

Esta mentira nos lleva a sentirnos desilusionadas y decepcionadas de Dios, pues si enfrentarnos un problema y no se resuelve, pensamos que Dios nos falló.

En segundo lugar, sugiere que la meta en la vida es liberarse de todos los problemas, deshacerse de todo lo que resulta penoso o desagradable. Nuestra sociedad piensa de manera automática que no deberíamos tener problemas y que cada problema debe ser “arreglado”.

- ¿Tienes dolor de cabeza? Toma un analgésico.

- ¿Estás aburrida de tu jefe? Renuncia y busca otro empleo.

- ¿Te desagrada la predicación de tu pastor? Busca otra iglesia

- ¿No puedes comprar un automóvil más moderno? Pide un préstamo.

- ¿Los hombres te ignoran? Coquetea un poco y vístete para atraer su atención.

- ¿Tu esposo es indiferente, se interesa solo por los deportes y no se muestra romántico como en el noviazgo? Busca un hombre en tu trabajo (o en la iglesia) que se interese por ti y esté dispuesto a escucharte.

- Para muchas personas el “cristianismo” no es más que otra manera de resolver los problemas. Dicen: Solo ora y cree en Dios y tendrás todo el dinero en tu banco, tu amiga se sanará de cáncer, nunca más estarás sola, tu matrimonio se arreglará, tus hijos rebeldes se reconciliarán con Dios, experimentarás victoria inmediata sobre el pecado, ya no lucharás con malos hábitos, y tendrás una vida feliz y saludable.

- En el caso de “Yolanda”, creer esa mentira afectó su manera de tratar con el exceso en la alimentación:

Tenía problemas con la comida y con mi peso. Todo el tiempo oraba para pedirle a Dios que me liberara. Sin embargo, mis oraciones y motivaciones eran egoístas. Quería tener una buena apariencia. Quería resultados inmediatos y no tenía intención alguna de sacrificarme o esforzarme para lograrlo. En mi oración decía cosas como: “Señor, no puedo romper con mis hábitos. He tratado de tener fuerza de voluntad pero no puedo. Por favor arregla este problema. Dame el poder para superarlo”. Todo era en vano.

Esta manera engañosa de pensar explica la razón por la cual mujeres cristianas se sienten enojadas, amargadas y frustradas. Pensaron que si aceptaban a Jesús e iban a la iglesia par tratar de vivir “vida cristiana aceptable” no tendrían problemas. Vivir en obediencia nos libra de muchos problemas que resultan de una vida alejada de Dios y de sus caminos. Sin embargo, los que siguen a Cristo no están exentos de problemas.

La verdad es que la vida es difícil. Vivimos en un mundo caído. Los que son salvos también viven en un cuerpo mortal y enfrenta tentaciones, pecados (los suyos y los de otros), enfermedad, pérdidas, sufrimiento y muerte. El hecho de convertirnos en cristianos y aun llegar a ser maduros y consagrados en la fe, no nos encierra en una especie de burbuja celestial que nos hace inmunes al dolor. Solo hasta que Dios cree un nuevo cielo y una nueva tierra seremos libres por completo de los estragos causados por el pecado. Por el momento habrá lágrimas, penas, presiones y problemas.

La buena noticia es que Dios no es distante ni indiferente a nuestros problemas. Él no se sienta en el cielo para ver si podemos arreglárnoslas para sobrevivir. No. El Dios de la Biblia es nuestro “pronto auxilio en las tribulaciones” (Sal 46:1). Eso significa que extienda una varita mágica para hacer desaparecer nuestros problemas, sino más bien que se sirve de las presiones y los problemas para moldear nuestra vida para que se asemeje a la de su Hijo Jesús, quien “por lo que padeció aprendió la obediencia” (He 5:8)

Nuestra tendencia es desear que Dios solucione todos nuestros problemas. Por su parte, Dios dice: “tengo un propósito para todos tus problemas. Quiero usarlos para cambiarte y revelar mi gracia y mi poder al mundo”. Esa es la verdad, y la verdad te hará libre.


Fuente: "Mentiras que las mujeres creen" - Nancy Leigh DeMoss


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